¿Mito en reinvención?

Alrededor de Cuba se ha tejido un mito. Para muchos europeos, especialmente de izquierda, Cuba significaba el sueño revolucionario de Fidel Castro y del Che Guevara, quienes en 1958 derrocaron al dictador Fulgencio Batista que regía la isla con el apoyo y para los intereses de los Estados Unidos. Entonces empezó el mito cubano del experimento socialista que lograría enfrentarse con éxito el imperialismo yanqui.

Este mito se alimentaba del encanto “retro” de la vieja Habana con sus edificios coloniales desmoronándose al ritmo de su música legendaria, convertida en ícono por la película “Buena Vista Social Club” del alemán Win Wenders. Los autos clásicos oxidados y las manufacturas de habanos creaban el paisaje ideal de la nostalgia de generaciones que vivían muy lejos de la isla. Cuba todavía evoca resistencia, autenticidad y la negación a adaptarse a un sistema considerado explotador. Y sin embargo, mucho son clichés, imágenes del anhelo. Para algunos, cubanos o no, Cuba significaba poco más que pobreza y limitaciones.

La apertura económica de Cuba es hoy una oportunidad para esta nación de 11 millones de habitantes que no vivían precisamente en un paraíso socialista. El salario mensual promedio de un empleado vendría a ser unos 26 dólares. Y mientras que el Gobierno insiste en que no existe hambre, según algunas fuentes se estima que un 35% de la población come una vez al día. Sea como fuere, están los miles de cubanos que salieron al exilio poniendo su vida en peligro para abandonar su país. Pero está también un sistema de salud y de educación ejemplar. La apertura económica de un sistema centralizado se da lentamente. La nueva Constitución de febrero de 2019 ya permite la propiedad privada y, aunque de manera limitada, la inversión extranjera. Entre el mito y la realidad hay encuentros y desencuentros, la cuestión es si Cuba logrará abrirse al mundo sin ser devorada por las grandes corporaciones que son dueñas del mundo.

La Cuba mítica abarca también el arte: en poeta José Martí, maestro romántico de poemas ilimitadamente tiernos, murió heroicamente luchando por la libertad del yugo de la Colonia. Entre los clásicos de Cuba también tenemos a una poeta y dramaturga como Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga. Y en todo el mundo se leen las obras literarias de Severo Sarduy, Lezama Lima, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Zoé Valdéz, Dulce María Loynaz, entre otros. Muchos artistas que apoyaron con entusiasmo la Revolución Cubana terminaron en conflicto con las nuevas autoridades, como es el caso de Guillermo Cabrera Infante o Reinaldo Arenas que sufrieron persecución y exilio. 

Y una nueva generación de dramaturgos salida principalmente del Instituto Superior de Arte como Nelda Castillo, Carlos Celdrán y Julio César Ramírez son representantes de un teatro cubano joven que borra límites de género entre la danza, el performance y el teatro hablado.